martes, 5 de enero de 2021

EL PUENTE

EL PUENTE

Ha nevado un polvo finísimo sobre las arrugadas montañas y en la tierra salpicada de musgo y de palmeras. Al brocal del pozo caminan sin prisa las aguadoras con su jarra al hombro. Hay casas de labor y granjas diseminadas sobre los bancales. En el valle beben agua en redondos charcos los cerdos de color rosa con gansos albos y polluelos dorados. Algunos pastores conducen modestos rebaños de ovejas lanudas. En el extremo silencioso del puente, sobre un río que brilla como plata, se aproximan tres hombres de rango a lomos de dromedarios. Se tocan con preciosos turbantes y visten suntuosos ropajes cubiertos de lodo y nieve. Les precede un viejo con barba y pelo blanco. Inmóviles como figuras de barro sueñan con atravesar la pasarela y llegar a la cueva donde se ha posado la estrella según sus cálculos exactos. De repente sienten que una mano gigantesca les levanta y cruza a la otra orilla uno por uno. «¡Mira, mamá!», grita el niño con los ojos encendidos mientras se quita la mascarilla y la arroja al cubo de basura. «Ya han atravesado el puente. Esta noche llegan al portal».

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